La linda Dulciflor le dijo a su galán: «¡Cada cabello mío es tuyo! ¡Mis ojos te pertenecen, con pupila y todo, lo mismo que mi frente y mis mejillas! ¡Eres el dueño de mis pensamientos, de mi corazón y mi alma!». «Qué mala eres -le reprochó el romeo-. Te estás guardando lo mejor para ti». En lo alto de la pirámide don Languidio se quitó el sombrero que llevaba. Le explicó a su mujer: «Me descubro la cabeza para recibir en ella la energía del universo». Le sugirió la señora: «Entonces descúbrete otra cosa». Yo soy ese chiquillo de 10 años que corre, emocionado y jubiloso, tras un Cadillac convertible de color azul con azulito. Ansío tocar ese vehículo porque en él va don Miguel Alemán, Presidente de México. El automóvil ha pasado bajo los arcos triunfales erigidos en las calles de Saltillo con motivo de la honrosísima visita presidencial. Un arco ha sido formado con puro ixtle, fibra vegetal extraída penosamente por manos campesinas de la lechuguilla, una planta del desierto coahuilense; otro es el de don Guibert Verástegui, fabricante de bombas para pozos profundos, con dos altos chorros de agua; está el de la municipalidad, hecho de hermosos sarapes saltilleros. Ya en las afueras de la ciudad, frente al bello edificio del Ateneo Fuente, el muchachillo logra al fin poner la mano en el Cadillac, que se aleja por la carretera a Monterrey. Estoy feliz. He tocado el automóvil de ese señor que figura en todos los noticieros del cine. Cuando su imagen aparece en la pantalla la gente aplaude, igual que cuando sale un sacerdote. Tiempos eran aquéllos muy institucionales. Dios y el Presidente, no necesariamente en ese orden. Los mexicanos vivíamos bajo una dictadura, pero pocos se percataban de eso, pues la tal dictadura era benévola, y sólo daba un manotazo cuando se sentía amenazada, como sucedió mucho tiempo después, cuando el 68 y el 71. Era una sociedad tranquila. Era una tranquila suciedad. Tan bien organizada estaba aquella dictadura, y con tan gran habilidad disimulaba su carácter, que Vargas Llosa pudo acuñar su famoso calificativo: la dictadura perfecta. Fox acaba de aplicar en Chihuahua esa expresión al régimen actual. Con moderado respeto pienso que el ex-miembro de la pareja presidencial se equivocó. ¿Dictadura la 4T? Sí. ¿Perfecta? No. En los tiempos de la hegemonía priísta los ciudadanos se resignaban, no sin cierto cinismo pragmático y realista, a los vicios del partido en el poder y de los gobernantes emanados de él. Decía la gente al hablar de los políticos: «Que roben, pero que hagan». Y bien que robaban, pero igualmente bien que hacían. En todos los renglones de la administración pública el país progresaba: electrificación; salud; educación; comunicaciones; producción agrícola y ganadera; seguridad nacional. Contrariamente, en la caótica y errática dictadura que paso a paso va construyendo la 4T priva la misma corrupción, o aún mayor, que aquella de la dominación del PRI, pero las obras del régimen actual son inútiles y gravosas al erario. Peor aún, ese sistema, viciado de origen, ha socavado los cimientos de la democracia y la justicia, y ahora amenaza los de la libertad en casos como el del Maru Campos. Muy lejos de la perfección está la 4T, y demasiado cerca del autoritarismo, la corrupción, la ilegalidad, la impunidad, la ineficiencia y la opresión. (Se citan por riguroso orden alfabético). Sucedió que la joven esposa de don Veterulo no estaba embarazada: la inflamación de su vientre se debió a una acumulación de aire. Pepito le pidió al señor: «Don Vetito: ¿me haría el favor de inflarme la llanta de mi bicicleta con su ésta?». FIN.
MIRADOR
San Virila salió de su convento temprano en la mañana. Iba a la aldea a pedir el pan para sus pobres.
No pudo llegar. El río estaba crecido, y el agua desbordada pasaba sobre el puente.
En eso un hombre cayó a las torrenciales aguas. Seguramente iba a morir ahogado. San Virila se despojó de su hábito; se lanzó al río y con riesgo de su vida salvó la de aquel prójimo.
El padre superior se enteró de lo sucedido y reprendió, severo, al frailecito:
-¿Por qué hiciste eso? Pudiste haber perecido. Habría bastado un milagro de Dios para tender una cuerda hecha de luz, y que el hombre se asiera a ella y se salvara.
Respondió San Virila:
-Los milagros del Señor son muy hermosos, pero los hombres debemos hacer nuestros propios milagros.
¡Hasta mañana!…
MANGANITAS
«…Reaparecen Fox y Calderón…»
Críticos descomedidos
dicen con muy mala fe
que será más bueno que
sigan desaparecidos.