La Iglesia pertenece a Cristo y no a ningún partido: Monseñor

Liliana Ramírez

El Obispo de la Diócesis de Aguascalientes, Juan Espinoza Jiménez, marcó distancia entre la Iglesia y los partidos políticos y advirtió que la fe no debe ser utilizada como bandera partidista o ideológica, resaltando que “la Iglesia pertenece a Cristo y no a ningún partido político”, aunque aclaró que esto no significa que los creyentes deban permanecer indiferentes ante la realidad del país.

Durante su homilía dominical, Monseñor señaló que no se debe convertir a Cristo en una bandera de un partido o de una ideología; “cuando decimos ‘¡Viva Cristo Rey!’, no estamos convirtiendo a Cristo en bandera de un partido o de una ideología, estamos proclamando que Jesucristo es el señor de nuestra vida y que ningún poder humano puede ocupar el lugar que solamente corresponde a Dios”.

Sin embargo, reiteró que la Iglesia Católica no puede ser indiferente ante la realidad de nuestra patria mexicana, por ello, llamó a los católicos a comprometerse con el bien común y señaló que México necesita ciudadanos honestos y autoridades que entiendan el poder como servicio, además de una sociedad que defienda la dignidad de las personas y atienda problemas como la pobreza, la migración y la inseguridad.

“La Iglesia pertenece a Cristo y no a ningún partido político, pero precisamente porque pertenece a Cristo, no puede ser indiferente ante la realidad de nuestra patria mexicana. México necesita cristianos comprometidos con el bien común, familias fuertes, jóvenes libres de la violencia y de las adicciones, ciudadanos honestos, autoridades que entiendan el poder como servicio. Necesita una sociedad que defienda la dignidad de toda persona y que no permanezca indiferente ante la pobreza, la migración, la inseguridad y tantas heridas que nos dividen”, refirió Espinoza Jiménez.

Finalmente, recordó que la Iglesia no está conformada únicamente por obispos, sacerdotes o religiosas, sino por todos los bautizados, a quienes pidió asumir un papel activo en la sociedad, llamando a los creyentes a llevar su fe a sus familias, trabajos y comunidades, pero sin convertir a Cristo en bandera de intereses partidistas o ideológicos.