“Cuando yo era una niña, recuerdo que cuando estaban molestando a un chico que me gustaba, yo mordí a quien lo estaba agrediendo”, narró Verónica, quien se identifica con un perro de la raza Akita Inu, tras señalar que casi a la edad de los 10 años comenzó a ver casos similares por internet, pero se desconocía el nombre de dicha afinidad.
Al cuestionarle acerca de su actuar a lo largo del día, ella mencionó que: “como modismo mexicano: ¡claro que soy perra, porque soy bien perra!”. Asimismo, manifestó que su vida es normal como un ser humano, por lo que no duerme en un tapete, no come croquetas y tampoco asiste al veterinario; “soy humana”, expresó.
“Me gusta el pollo, amo la pizza; tal vez sí ladro, porque tengo toda mi vida haciéndolo; de repente se me sale uno que otro ladrido”, indicó.
Verónica confesó que en alguna ocasión llegó a probar las croquetas para perro; “le mentiría si le dijera que no”; sin embargo, señaló que no fueron de su agrado porque sabían a cartón y estaban saladas.
Por lo anterior, dijo que las croquetas las probó durante el tiempo que dedica para expresar su identidad y realizar comportamientos de un perro, y subrayó que esto puede ser en espacios privados o en comunidades en línea.
Explicó que los Therians no se identifican físicamente como animales, sino que experimentan una identidad que se relaciona con un animal específico, conocido como “theriotype”, que puede incluir comportamientos como caminar en cuatro patas —que no todos lo hacen—, usar máscaras y colas; además de participar en actividades recreativas que imitan a los animales.
Asimismo, mencionó que algunos therians pueden mostrar comportamientos animales en lugares públicos y que la mayoría mantiene una vida cotidiana normal, trabajando y estudiando, pero también hay quienes prefieren adoptar el comportamiento como un animal en sus casas, actividad a la que pueden dedicar de una a dos horas al día.
Finalmente, Verónica se despidió con un “hasta luego”, acompañado de un ladrido.